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¿Desde dónde deseamos?

  • Foto del escritor: Claudia Carvalho
    Claudia Carvalho
  • 7 feb
  • 1 Min. de lectura

El deseo no es un impulso aleatorio del cuerpo.

Es un movimiento psíquico. Una llamada.

Un síntoma vivo de lo que pide paso

dentro de nosotros.

No aparece para complacernos,

sino para decirnos algo.

Y casi nunca dice lo que querríamos oír.

El problema es que cuando el deseo se lee solo como atracción, se vuelve superficial.

Pero cuando se lo escucha, revela heridas que buscan escena, faltas que piden repetición, fantasías que no son capricho, sino memoria.

Por eso a veces deseamos lo que nos desordena, lo que expone zonas sensibles de nuestra historia.

Lo que deseamos revela patrones,

repeticiones y expectativas inconscientes

que organizan nuestras elecciones afectivas.

Por eso el deseo confunde.

Porque no nace solo del encuentro:

nace también de lo que aún no ha sido elaborado en nosotros.

El otro no crea el deseo: lo activa. Es una llave, no el origen. El origen está en la historia psíquica, en lo que quedó sin palabras, sin cuerpo. La pregunta no es:

¿qué quiero?,sino ¿desde dónde lo quiero?,

¿qué parte de mí está hablando aquí?


Por Claudia Carvalho

Sexólogo en Coruña


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