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La pedagogía del deseo violento

  • Foto del escritor: Claudia Carvalho
    Claudia Carvalho
  • 8 feb
  • 1 Min. de lectura

¿Por qué tantas mujeres están buscando un sexo más salvaje, duro y hasta violento en sus relaciones íntimas?

Crece el número de hombres que no saben cómo lidiar con demandas sexuales de mujeres que solicitan durante el encuentro azotes, eyaculación en la cara, palabras fuertemente duras o dinámicas que rozan el maltrato.

¿Podemos decir que, una vez más en la historia de la sexualidad femenina, la cultura —a través de películas, porno y narrativas audiovisuales— está moldeando, fabricando el tipo de deseo que la mujer debe tener en la actualidad?

¿Estamos ante un “instinto nuevo” femenino o, más bien, ante un cruce de factores culturales, simbólicos y eróticos que se han ido acumulando?

La verdad es que la sexualidad siempre ha sido educada.

Antes, por la religión y el silencio.

Hoy, por el porno, las series, TikTok y ciertas narrativas que se presentan como “liberadoras”.

El problema es que, al carecer de una educación sexual profunda y crítica, estas imágenes no solo excitan: enseñan qué desear y cómo desearlo. Por eso siempre lo he dicho: la mayoría de las mujeres llegan a la cama sin saber desear.

Desean un deseo fabricado. Sin autonomía. Sin narrativa propia.

Se ha instalado una asociación peligrosa:

intensidad con dureza, placer con exceso,

entrega con sometimiento.

Lo intenso se ha convertido en sinónimo de lo auténtico.

Entonces la pregunta no es moral, sino estructural:

¿estamos delante de una elección propia o de un guion aprendido?

¿De dónde viene ese deseo?

¿A quién pertenece realmente?

¿Y qué deja después?

Porque no todo lo que excita construye.

Y no todo lo que se elige es verdaderamente libre.


Por Claudia Carvalho

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