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Los hombres de negocios, o lo que quieren tener propiedad económica, no se masturban

Foto del escritor: Claudia Carvalho
Claudia Carvalho
hace 3 días
2 min de lectura


“Los hombres de negocios, o los que quieren tener prosperidad económica, no se masturban”.


Fue una frase que escuché esta semana y me quedé pensando en ella.


¿Masturbarse impide prospera?


No masturbarse no produce, por sí mismo, prosperidad económica. No existe una base científica sólida que demuestre que abstenerse de la masturbación haga que una persona sea más rica, exitosa o productiva.


Pero lo interesante está en qué representa esa conducta.

Una persona puede decidir no masturbarse porque quiere observar su deseo en lugar de satisfacerlo inmediatamente. Y aquí aparece un concepto mucho más interesante: la relación que tenemos con el deseo, la gratificación inmediata y el autocontrol.


¿Qué relación tenemos con nuestra capacidad de tolerar un deseo sin sentir que tenemos que satisfacerlo inmediatamente?


Quiero sexo → puedo buscar una satisfacción inmediata.

Quiero descansar → puedo posponer una tarea.

Quiero reconocimiento → puedo buscar validación inmediata.


En todos estos casos existe una tensión entre el deseo inmediato y un objetivo a largo plazo.


Pero eso no significa que masturbarse sea sinónimo de falta de disciplina.


Una persona puede masturbarse regularmente y ser extraordinariamente disciplinada, productiva y económicamente exitosa. Y alguien puede no masturbarse y, al mismo tiempo, tener muy poco autocontrol en otros ámbitos de su vida.


Entonces, quizá la pregunta no sea si masturbarse impide prosperar.


Quizá la pregunta sea:


¿Qué relación tenemos con nuestros deseos?


¿Somos capaces de sentir deseo sin tener que satisfacerlo inmediatamente?


Y aquí aparece otra cuestión:


¿No masturbarse significa no tener erotismo? ¿Significa no pensar en sexo?


No necesariamente. Una persona puede tener deseo, fantasías, excitación, disfrutar de la seducción, pensar mucho en sexo y tener una vida erótica intensa.


La diferencia no está necesariamente en tener o no tener deseo, sino en cómo gestionamos ese deseo.

Porque quizá la verdadera disciplina no consista en dejar de desear.

Quizá consista en poder elegir qué hacemos con aquello que deseamos.


POR CLAUDIA CARVALHO

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