No quieres tener sexo, no te case.
Sin sexo, una pareja puede perder una parte importante de su conexión.
La intimidad sexual no lo es todo en una relación, pero sí puede ser una de sus dimensiones fundamentales.
Cuando el deseo desaparece, el sexo se vuelve rutinario o deja de existir durante largos períodos, muchas parejas empiezan a experimentar distancia, frustración, rechazo y soledad dentro de la propia relación.
En España, miles de parejas se divorcian cada año. Y aunque no existe una única causa detrás de un divorcio, los problemas relacionados con la intimidad y la vida sexual pueden formar parte de las crisis de pareja.
Porque no se trata simplemente de “tener sexo”.
Se trata de sentirse deseado.
De tocarse.
De buscarse.
De poder hablar de lo que gusta y de lo que no.
De mantener viva la complicidad.
De construir una intimidad que vaya más allá de la convivencia.
Una pareja no debería resignarse a pasar años viviendo una sexualidad que no les satisface.
Y sí, una relación puede sobrevivir sin sexo.
Pero cuando ambos desean una vida sexual y esta desaparece por completo, la pregunta no debería ser solamente “¿cuánto tiempo podemos aguantar así?”, sino:
¿qué está pasando entre nosotros y qué podemos hacer para recuperar nuestra intimidad?
Porque una pareja puede ser muchas cosas.
Pero cuando el vínculo erótico desaparece y ninguno de los dos quiere recuperarlo, puede empezar a parecerse más a una amistad que a una relación de pareja.
Por Claudia Carvalho



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