
¿Estás excitada?
Es una pregunta que muchas mujeres escuchan de su pareja. Y detrás de ella hay algo mucho más interesante de lo que parece.
Quiero hablar de dos cosas: la diferencia entre la lubricación natural y la lubricación asociada a la respuesta de excitación, y la carga de la excitación que muchas mujeres terminan llevando durante el sexo.
Besos, caricias, contacto corporal… pasan veinte minutos. Él toca la zona genital y pregunta:
—¿No estás excitada?
Aquí aparece una confusión muy frecuente: lubricación y excitación no son exactamente lo mismo.
La vagina puede presentar lubricación natural incluso sin que exista una gran excitación sexual. Y también puede ocurrir lo contrario: una mujer puede estar muy excitada y no lubricar demasiado.
Por eso, la lubricación no es un test de deseo.
No podemos mirar el cuerpo de una mujer y determinar cuánto desea, cuánto disfruta o si está excitada simplemente por la cantidad de lubricación que presenta.
La respuesta sexual es mucho más compleja.
Y aquí aparece otra cuestión importante: la excitación no es una obligación que una mujer tenga que demostrar.
Porque muchas mujeres no solo están viviendo el encuentro sexual. Están observándose.
«¿Estoy suficientemente lubricada?»
«¿Él estará pensando que no me gusta?»
«¿Tengo que demostrar que estoy disfrutando?»
«¿Y si se siente rechazado?»
Y así aparece una carga invisible: la carga de la excitación.
Como si durante el sexo ella tuviera que convertirse también en la encargada de certificar que todo está funcionando.
Pero el cuerpo no funciona como un examen.
Una mujer puede desearte y no lubricar demasiado.
Puede lubricar y no desearte.
Puede estar excitada y necesitar más tiempo.
Puede disfrutar muchísimo y tener una respuesta corporal diferente a la esperada.
Por eso, en lugar de preguntar únicamente:
«¿Estás excitada?»
quizás deberíamos aprender a preguntar:
«¿Qué te está gustando?»
«¿Quieres que siga así?»
«¿Necesitas más tiempo?»
«¿Qué te apetece ahora?»
La autonomía sexual también consiste en conocer nuestro propio cuerpo y dejar de utilizarlo como una prueba que tenemos que presentar para tranquilizar a otra persona.
Tu lubricación no tiene que demostrar tu deseo.
Tu cuerpo no tiene que aprobar ningún examen.
Por Claudia Carvalho


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