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¿Qué hacemos con la pareja que hoy ya no sé desea como antes?

Foto del escritor: Claudia Carvalho
Claudia Carvalho
hace 5 días
6 min de lectura

Si no podemos garantizar que el deseo vuelva a ser como antes, ¿qué hacemos con la pareja que hoy ya no se desea como antes? ¿Dónde está ese deseo?

Hay una expresión que escuchamos con frecuencia cuando hablamos de sexualidad en pareja: «Tenemos que recuperar el deseo».

La dicen las parejas que sienten que algo ha cambiado en su vida sexual. También aparece en las consultas de sexología y en los discursos de algunos profesionales, que presentan la recuperación del deseo como si el objetivo fuera regresar a un estado anterior de la relación.

Pero ¿y si necesitamos cuestionar esa idea?

¿Y si el problema no es únicamente que el deseo haya disminuido, sino que seguimos intentando medir nuestra sexualidad actual con los parámetros de una etapa que ya no existe?

El deseo del principio no es una medida universal

Al comienzo de una relación, la novedad, la curiosidad, la atracción, la incertidumbre y el descubrimiento pueden contribuir a que el deseo se experimente con una intensidad particular. Queremos conocer al otro, descubrir su cuerpo, explorar sus reacciones y experimentar lo que todavía es nuevo para nosotros.

Sin embargo, una relación evoluciona. Cambian las circunstancias, las responsabilidades, el conocimiento mutuo y la manera de relacionarnos con el otro. También cambia nuestra relación con nuestro propio cuerpo y con la sexualidad.

Esto no significa que todas las parejas experimenten necesariamente una disminución del deseo con el tiempo. Algunas mantienen una vida erótica satisfactoria durante años; otras atraviesan etapas de menor deseo y otras descubren formas de intimidad que no existían al principio.

Lo importante es comprender que el deseo sexual no es una constante que deba permanecer inalterable a lo largo de una relación.

Por eso, prometer que una pareja recuperará exactamente el deseo que experimentaba al principio puede generar expectativas poco realistas. El deseo puede reaparecer, aumentar o transformarse, pero no podemos garantizar que lo haga con la misma intensidad, frecuencia o espontaneidad.

Y entonces surge una pregunta inevitable: si no podemos garantizar que el deseo vuelva a ser como antes, ¿qué hacemos ahora?

¿Dónde está el deseo cuando parece haber desaparecido?

Cuando una persona dice que ha perdido el deseo sexual, solemos utilizar esa expresión como si describiera una única realidad. Sin embargo, detrás de esas palabras pueden existir experiencias muy diferentes.

Hay personas que continúan teniendo fantasías, se masturban y sienten deseo sexual, pero ya no experimentan las mismas ganas de mantener relaciones con su pareja.

Otras sienten atracción por su pareja, pero no disfrutan de los encuentros sexuales que mantienen. Quizá el sexo se ha vuelto previsible, existe presión por alcanzar el orgasmo o sus necesidades eróticas no están siendo atendidas.

También hay quienes necesitan determinadas condiciones para que aparezca el deseo: tranquilidad, conexión emocional, estímulos eróticos, tiempo, privacidad o una relación más amable con su propio cuerpo.

Y existen personas cuyo deseo ha disminuido de forma generalizada, en ocasiones relacionado con el estrés, el cansancio, el estado emocional, determinados medicamentos, cambios hormonales, el dolor o problemas de salud.

Estas situaciones no son equivalentes y, por tanto, no deberían abordarse de la misma manera.

Antes de intentar recuperar el deseo, necesitamos comprender qué significa exactamente que una persona ya no desee como antes.

¿Ha disminuido su capacidad de experimentar deseo? ¿Ha cambiado la manera en que aparece? ¿Ha dejado de desear a su pareja? ¿No desea las prácticas sexuales que mantienen? ¿O está intentando responder a una expectativa de frecuencia que ya no encaja con su realidad?

La respuesta cambia el camino que podemos recorrer.

No todo el deseo comienza antes del encuentro sexual

Otro aspecto importante es comprender que no todas las personas experimentan el deseo de la misma manera.

Algunas sienten deseo espontáneo: las ganas aparecen antes de iniciar una interacción sexual. Otras experimentan un deseo predominantemente responsivo, que puede surgir durante una experiencia erótica agradable, cuando existen disposición, estímulos adecuados y un contexto favorable.

Esto significa que una persona puede no comenzar el encuentro sintiendo un impulso sexual intenso y, sin embargo, experimentar deseo a medida que avanza una interacción que realmente desea y disfruta.

Pero debemos tener cuidado con esta explicación. El deseo responsivo no significa que alguien deba mantener relaciones sexuales sin querer, ni que tenga que empezar para comprobar si termina teniendo ganas.

La disponibilidad voluntaria para explorar una experiencia no es lo mismo que sentirse obligado a participar en ella.

Comprender cómo funciona el deseo de cada persona permite dejar de interpretar cualquier ausencia de iniciativa sexual como una prueba de desamor, falta de atracción o fracaso de la relación.

¿Qué hacemos entonces con una pareja que ya no se desea como antes?

Quizá el primer paso sea dejar de perseguir el pasado.

Cuando una pareja intenta reproducir continuamente lo que sucedía durante los primeros meses, puede acabar convirtiendo el sexo en una evaluación permanente. Cada encuentro se compara con el anterior; cada ausencia de ganas genera preocupación y cada diferencia respecto al pasado se interpreta como una señal de que algo va mal.

En ese contexto, el deseo deja de ser una experiencia que se explora y se convierte en una obligación que hay que cumplir.

En lugar de preguntar únicamente cómo recuperar las ganas, podemos empezar por otras preguntas:

  • ¿Qué ha cambiado en nuestra vida sexual y en nuestra relación?

  • ¿Qué experiencias sexuales nos resultan agradables y cuáles hemos mantenido por costumbre?

  • ¿Qué necesita cada uno para sentirse cómodo, conectado y disponible para la intimidad?

  • ¿Podemos hablar de nuestras necesidades sin que la conversación termine en reproches o exigencias?

  • ¿Existe un deseo real de construir una vida erótica compartida o estamos intentando cumplir con una idea de lo que debería ser una pareja?

Estas preguntas no ofrecen una solución automática. Abren un espacio para comprender lo que está ocurriendo.

A partir de ahí, el trabajo puede consistir en mejorar la comunicación, explorar nuevas formas de intimidad, recuperar la curiosidad, revisar las prácticas sexuales, abordar los conflictos pendientes o identificar factores médicos y psicológicos que estén influyendo en el deseo.

En algunos casos, será posible recuperar una parte del deseo que había disminuido. En otros, aparecerá una forma diferente de vivir la sexualidad. Y también puede ocurrir que la pareja descubra diferencias importantes en sus necesidades o en sus expectativas.

El trabajo sexológico no debería partir de la promesa de que todo volverá a ser como antes, sino de la comprensión de lo que cada persona está viviendo y de las posibilidades reales que existen para mejorar su bienestar sexual.

¿Y si el objetivo no fuera recuperar el deseo, sino comprenderlo?

Tal vez necesitemos cambiar la pregunta que hacemos en consulta.

En lugar de plantear que debemos recuperar el deseo perdido, podríamos preguntarnos qué está sucediendo con el deseo en el presente.

No se trata de negar que una disminución del deseo pueda generar sufrimiento, ni de renunciar a trabajar para que vuelva a aparecer. Si una persona desea recuperar su interés sexual y está sufriendo por su ausencia, acompañarla en ese proceso puede ser una parte fundamental de la terapia.

Se trata de no confundir el acompañamiento con una promesa.

No podemos asegurar que alguien vuelva a sentir lo mismo que sentía años atrás. Sí podemos explorar qué factores están influyendo en su experiencia actual, qué condiciones podrían favorecer el deseo y qué cambios podrían contribuir a una sexualidad más satisfactoria.

Y, sobre todo, podemos dejar de asumir que el pasado representa necesariamente la mejor versión posible de nuestra sexualidad.

Porque quizá una persona no necesita volver a desear como antes. Quizá necesita descubrir cómo desea ahora, qué le produce placer hoy y qué lugar quiere que ocupe la sexualidad en su vida.

El deseo no tiene la obligación de permanecer igual

La sexualidad forma parte de nuestra experiencia vital y está sujeta a cambios. No siempre deseamos con la misma frecuencia, de la misma manera ni bajo las mismas circunstancias.

Eso no significa que debamos conformarnos con una vida sexual insatisfactoria, ignorar las dificultades o aceptar sin más aquello que nos hace sufrir.

Significa que podemos abordar esas dificultades sin convertir la recuperación del pasado en la única meta posible.

Una pareja puede trabajar para recuperar el deseo, descubrir una nueva manera de experimentarlo o comprender que necesita hacer cambios más profundos en su relación. Lo que no debería tener que hacer es demostrar continuamente que todavía desea como al principio para confirmar que su relación funciona.

Quizá la pregunta más importante no sea si podemos recuperar el deseo que teníamos antes.

Quizá sea esta:

¿Qué necesitamos comprender, cambiar o descubrir para construir una vida sexual satisfactoria con las personas que somos hoy?

Porque acompañar el deseo no consiste en obligarlo a regresar a un lugar conocido.


Consiste en comprenderlo, darle espacio y explorar sus posibilidades sin imponerle una forma predeterminada.

Y esa, precisamente, es una de las conversaciones que necesitamos mantener en sexología.


Por Claudia Carvalho

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